"LA BORRIQUITA"

Tras la Bendición de Palmas y Ramos de la mañana, comienza la Semana Santa de Tarifa con el desfile procesional de la popular Borriquita en la tarde del Domingo de Ramos, bullicioso y garante de la incorporación infantil entre las filas cofradieras, a tono con el alegre pasaje representado, carente del dramatismo pasional y acusado componente barroco de otros grupos.

Ya han pasado muchos años desde aquel 1944 en el que el recordado padre José Font adquirió a los talleres de Olot el actual grupo de Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, aunque la cofradía no se fundara como tal hasta siete años más tarde. Desde entonces, el paso de la Borriquita sale cada año desde su iglesia de San Francisco acompañado de una algarabía de penitentes, niños pequeños en su mayoría, que de la mano o todavía en brazos de sus padres inician este día su andadura por el mundillo cofrade de Tarifa. Son ellos la Corte de Benjamines que aclamó a Jesús en Jerusalén, son ellos sus preferidos, a los que pertenece el Reino de los Cielos y a los que Jesús bendijo en la región de Judea cuando dijo a sus discípulos "Dejad a los niños y no les impidáis que vengan a mí".

 

 

 

 

"EL MEDINACELI"

Acaba de recogerse en su templo la alegre procesión de la Borriquita cuando, sin pérdida de continuidad, se abren las puertas de la iglesia mayor de San Mateo y una nueva cofradía vuelve a desfilar por las calles de Tarifa en la noche del Domingo de Ramos. Le toca el turno al Medinaceli, la imagen que tallara el escultor gaditano Láinez Capote en 1964 por encargo del tocólogo municipal Emilio Boto.

Muchos son los que recuerdan su salida procesional de aquel primer año, en parihuelas, sin cortejo, casi de forma improvisada y a tal velocidad que no son pocos los que sólo pudieron ver su estela, una estela que recorrió todo el pueblo hasta el Barrio Fuera pero que caló hondo en la devoción de los tarifeños. Por eso, desde que se fundó su actual cofradía en 1971, el Medinaceli arrastra tras de sí a tal número de fieles que su cortejo se extiende tanto o más en promesas que nazarenos. Tan es así, que incluso su Madre quiso ir detrás del Medinaceli tarifeño y por eso, desde 1991, la Virgen de la Esperanza que tallara el sevillano Rodríguez Caso para el Santo Entierro, abandonó el dolor del Viernes Santo por el de la noche del Domingo de Ramos. Abandonó a su hijo ya muerto y próximo a resucitar, convencida de ello, para acompañarlo y recorrer con Él su Pasión desde el mismo momento en que fue hecho Cautivo.